Capítulo 2: La estructura del jardín
Estructura del jardín
Navegando por Pinterest en busca de inspiración para mi jardín, encontré uno que llamó por completo mi atención. Cuando investigué qué tipo de jardín era, descubrí que se trataba de un jardín naturalista, jardín silvestre o jardín nativo. Jamás había escuchado esos términos.
Digamos que crecí en un lugar donde lo normal era tener césped, unas cuantas plantas y, si aparecía una "mala hierba", simplemente la arrancábamos. Así que descubrir esta forma de hacer jardinería revolucionó mi manera de ver el jardín. Sentí que, por fin, había encontrado lo que realmente quería crear.
Lo más curioso fue descubrir que el problema que yo tenía aquí era justamente una de las bases de este tipo de jardines. Las "malas hierbas" no eran necesariamente enemigas; podían convertirse en mis aliadas para dar estructura al paisaje. Además, muchas protegen el jardín de plagas, soportan mejor las sequías y atraen polinizadores. Así que tomé una decisión que para muchos podría parecer extraña: dejarlas crecer.
Mientras seguía investigando, también descubrí el trabajo de paisajistas especializados en jardines naturalistas. Me di cuenta de que muchos diseñaban senderos que invitaban a recorrer el jardín y descubrirlo poco a poco. Esa idea me enamoró. Entonces miré mi propio terreno con otros ojos. Tenía el espacio perfecto para hacerlo, pero había un gran desafío: el desnivel.
La parte más plana del terreno era donde construimos la casa, y eso solo fue posible porque alquilamos una retroexcavadora para nivelar ese espacio. Todo lo demás eran pendientes y barrancos.
Cuando nació mi hijo, tuve una motivación aún más fuerte. Quería que pudiera recorrer todo el jardín con libertad, correr, explorar y disfrutar de la naturaleza sin que yo estuviera preocupada por una caída. Así que, con ese sueño en mente, comenzamos el gran trabajo.
Solo éramos mi esposo y yo, con la enorme ayuda de mi querida hermana. Pico y pala en mano, empezamos a transformar el terreno. Estábamos tan emocionados con el proyecto que, muchas veces, trabajábamos incluso bajo la lluvia.
Nuestro primer objetivo fue un desnivel que había frente a la casa, justo donde crecía un gran árbol de nance. Desde el principio vimos el potencial de ese rincón: un lugar fresco para sentarse, sentir la brisa y compartir con la familia o los amigos. Con mucho esfuerzo y fuerza de voluntad logramos nivelar esa parte en una semana.
Pero una cosa fue llevando a la otra. Mientras trabajábamos, empecé a imaginar un gran pasillo natural atravesando el jardín. Enseguida supe que ese sería el sendero principal. Y, una vez más, nos pusimos manos a la obra.
Sin darnos cuenta, ya no solo estábamos construyendo senderos. Estábamos dándole forma al jardín con el que tanto había soñado.
Aquel fue solo el comienzo. Sin darnos cuenta, cada sendero que abríamos nos mostraba una nueva idea y un nuevo rincón por transformar. Lo que empezó como un proyecto para hacer el terreno más seguro terminó convirtiéndose en la base de todo el jardín que hoy seguimos construyendo.
Si hoy alguien me preguntara cuál es la parte más especial de nuestro jardín, respondería sin dudarlo: el desnivel. Lo que un día vimos como un problema terminó convirtiéndose en el mayor regalo que nos dio este lugar.





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